El caballero de la bondad

Originalmente el caballero es un guerrero que está únicamente al servicio del bien y, por tanto, emprende la lucha contra el mal. Los héroes, Caballeros de la bondad, siempre han defendido a los inocentes y los perseguidos. Las leyendas cuentan cómo luchaban contra dragones, serpientes, brujos, tiranos, malvadas y todo tipo de seres monstruosos que simbolizan el mal.

Precisamente este enemigo ‘figurado’ —que no irreal— indica que su lucha no se basaba en un derramamiento de sangre sino en una batalla a nivel espiritual. El dragón es una metáfora de la fuerza del mal; el brujo simboliza el engaño, la hipnosis, las trampas engañosas que desvían al alma del buen camino. El tirano representa al usurpador violento, al que domina con poder, atemorizando, acallando y paralizando a los pueblos; mientras que la bella malvada es el poder de la magia de la seducción.

Así, el verdadero caballero no se enfrenta a una persona para abatirla, sino a las fuerzas del mal, a las que no tolera. Tiene una espada que no derrama sangre, es la espada de la piedad justa y la pureza, de la ausencia de rencor. Sus victorias las alcanza dirigiéndose siempre hacia el bien, sin hacer uso de la agresividad o violencia: es decir, vive según la máxima de no responder al mal con el mal. Esto es clave, porque cuando no se responde al mal con el mal se está impidiendo que el mal se multiplique y tome fuerza. Allí donde casi no es posible, donde todas las circunstancias son adversas, el caballero, en lugar de rebelarse hace un sacrificio y derrama bondad. ¿Qué significa esto a nivel espiritual? Pues que el caballero comparte la cruz del prójimo, toma sobre sí parte de su pesada carga y no responde con rencor. Entonces se multiplica la bondad.

Claro que para realizar esta gran hazaña debe estar atento, haciendo esfuerzos constantes, sirviendo al prójimo activamente. Y siempre presto para la batalla. Se enfrenta al miedo a morir todos los días, vence y solo después llega la sobreiluminación.

La lucha del caballero en primer lugar va dirigida contra sí mismo, contra el mal que lleva en su interior. Por ello tiene el valor de querer conocer la última verdad sobre sí mismo. Permite que entre la luz de la Sabiduría y de la Bondad, irradiando y dejando a la vista toda su oscuridad interior, para después, con esa luz, expulsar y quemar todo aquello que le molesta y le impide mejorar. Este difícil y a veces doloroso proceso lo realiza con el fin de prepararse para una lucha superior, ya no por una verdad personal, vital o una causa social, sino por la libertad verdadera para todas las almas, fuera de las leyes y condicionamientos terrenales, según los estatutos del Univérsum del bien.

El bien, la vida, la luz, el amor, la verdad, la sabiduría y la bondad son los valores por los que se han regido los pueblos pacíficos y los buenos gobernadores que les guiaban: ancianos blancos, sabias ancianas, reyes justos, nobles damas y caballeros, druidas, etc. En otros tiempos, la buena gente sabía que los ideales luminosos del bien son incompatibles con los del mal, por lo que era importante guardarlos. Era de vital importancia para el mantenimiento de la paz y prosperidad que cada miembro de la comunidad, cada hombre y mujer, fuese un caballero de la bondad.

Muchos son y fueron los que se atrevieron a pretender el título de caballero, a muchos indignos les es concedido este noble título por hacer favores a los poderes del mundo, defender sus instituciones y ser promotores de guerras. Esta es la figura del caballero vuelta del revés, totalmente tergiversada. Ni condecoraciones ni distinciones honoríficas ni bandas de tafetán ni broches hacen al caballero, sólo el corazón noble, valiente, puro y bondadoso que brilla como un sol iluminando todo a su alrededor.

Los Templarios y la espada Excalibur

 

¿Qué es ser templario? ¿Por qué con solo escuchar este nombre se enardece el fuego del espíritu? Muchas personas sienten admiración y respeto hacia los caballeros. Para llegar comprender dónde está el origen que despierta este sentimiento, para llegar a hacer propias estas cualidades que admiramos, hace falta hacer uso de las mismas armas que usaron ellos, los verdaderos templarios: la intrepidez, la sobriedad, la verdad, la honestidad, los buenos motivos y la fidelidad hasta lo último. Los Templarios representan la figura arquetípica del caballero que reúne en sí las cualidades divinas y las hace prácticas en la Tierra.

La leyenda de Arturo es un ejemplo de caballero Templario y de su camino de consagración. A través de esta leyenda podemos comenzar a percibir en nuestro interior qué implicaba ser un caballero Templario.

A continuación reflejaré parte de una historia titulada ‘Excalibur: la espada de la virginidad eterna’ a partir de fragmentos de textos extraídos del libro El Grial, Iniciación en la caballería blanca, de Juan de San Grial.

Esta es la parte donde se cuenta cómo Arturo cae herido ante un caballero negro y su preciada espada sufre un gran agravio. Curado de sus graves heridas, la mayor aflicción del rey es que su espada ha sido dañada durante la batalla.

“¡Oh, mi espada, la espada del bien, la fuerza victoriosa del Espíritu Claro! Sin ti prácticamente no soy nada. ¡¿Qué es un caballero sin espada?!

¿Acaso el mal es más fuerte? —las dudas asaltan a Arturo— ¿Cómo pudo suceder que la espada se rompiera? ¿Cómo pudo fallar la fuerza que proviene de esta espada que fue sacada de una roca?”.

Llega el desierto para Arturo. Pensamientos, ausencia de gracia, batalla, desesperación, soledad…

El destino de Arturo refleja el camino del paladín en el Univérsum. Heridas provocadas por el enemigo, interminables batallas, una espada rota,… desgraciadamente ese es un peldaño en el camino de la lucha contra el mal. Mientras más elevado sea el peldaño de la caballería, más fuerte será la acción opuesta de las fuerzas del mal. Matarán a tu caballo, romperán tu espada. Lo perderás todo, pasarás una crisis profunda y un desierto…

Myrddin (conocido popularmente como Merlín), reconforta con sus oraciones a Arturo, que es hijo espiritual suyo. Arturo es aliviado en su dolor. En su corazón de nuevo se despierta el fuego del camino espiritual. El caballero arde en deseos de interceder por la verdad y continuar la batalla contra el mal mundial.

“¿Qué camino debo tomar, amado padre?”, pregunta Arturo. El anciano Myrddin, ataviado con ropajes blancos, toma al joven de la mano y lo conduce tras él.“¡Hijo mío, nos acercamos al principal acontecimiento de nuestra vida espiritual!”.

Aparece la Reina Celestial —la Dama Blanca, la Amada y Guía esperada por todo caballero de la bondad— y acercándose a Arturo, le pide que le entregue el voto de la fidelidad y del servicio caballeresco.

“¿Qué debo hacer para lograr eso?”.

“Reúne en tu corazón lo más valioso que tengas y conságramelo a Mí completamente. En su momento, Yo te lo devolveré todo”.

El joven da el voto de completa y total consagración. A cambio, la Reina le pide que prometa cumplir Su voluntad, cuando Ella lo necesite.

“Por muy difícil que te resulte, hijo mío, esfuérzate por obedecer mis palabras”, le dice con amor maternal la Reina Celeste a Arturo. Y el caballero se inclina ante Ella con vehemencia.

La Reina de los caballeros se vuelve muy cercana a Arturo… y entrando en su corazón le entrega su tesoro celestial. El joven es preso de un entusiasmo indescriptible.

“¡Oh, no hay nada más hermoso que servirte a Ti, Soberana Celestial! ¿Qué puedo hacer por Ti? —exclama Arturo con lágrimas en los ojos— ¡Te regalaré todo lo que me pidas! ¡Te regalo mi corazón!”.

La Reina sonríe. Lee la aflicción del caballero por la pérdida de su espada y le propone otra Excalibur, la Excalibur eterna, una espada que ningún mal puede destruir.

El caballero toma la espada de las manos de la Reina, la besa: “¡Oh, gloriosa Excalibur, espada de la virginidad eterna, indestructible por el mal, la espada de la misma Reina Celestial!”.

No existe espada más elevada que la Excalibur celestial entregada de manos de la Reina Celeste. Arturo le daba un gran valor a la espada que había extraído de una roca, bautizada en su momento como Excalibur, y que significaba el impulso del espíritu de la bondad y del servicio desinteresado al Bien como caballero. Pero no es suficiente solo con el impulso del espíritu de bondad y amor personal, es más, estos valiosos valores tienen que enardecerse con la pureza. Llega un momento en que esta espada puede romperse, las batallas se tornan mas duras. Por eso la espada del caballero pasa por una transformación, de la Excalibur terrenal a la Excalibur Celestial.

Los caballeros templarios tenían el lema “Bon Amor Pur”, el amor bueno y puro. Es una definición absolutamente genial. El amor para ser bondadoso ha de ser puro y para hacerte puro, adora a la Purísima. La consagración y adoración a la Reina Celestial es el mayor amparo para el caballero.

Ante el verdadero voto, la misma Reina Celeste corona con la auténtica espada invencible “Excalibur” a su hijo fiel y lo convierte en caballero-rey.

***

Las leyendas sobre los tesoros de los templarios son ridículas y sólo expresan suposiciones de ávidos inquisidores. El mayor tesoro templario es el escudo de la Reina Celeste, de la Purísima, y su espada, ¡fíjate!, es pacificadora, es la espada de la virginidad eterna.

Cuán importante es devolver a la humanidad el gran ideal de los caballeros-templarios, que fueron calumniados y desacreditados con el sacrilegio cometido por cronistas-estafadores, mercenarios romanos que dominaban con elegancia el arte de magia verbal y la historia manipulada, que terminaron presentando a los nobles desposines caballeros como mezquinos plebeyos-monjes, cruzados-conquistadores.

Los Caballeros Templarios o la Orden de los Pobres Caballeros de Cristo (latín: Pauperes commilitones Christi Templique Solomonici) fue una de las más famosas órdenes cristianas (1119–1314).

En esta orden de buenos caballeros había templarios franceses, italianos, occitanos, españoles, eran famosos porque en ellos estaba la verdadera intención de defender a las buenas personas, eran caballeros defensores del bien que luchaban contra el mal mundial.

Tras la cruzada de Jerusalén, los templarios se amotinaron al comprender lo que era la cruzada en realidad. El pontífice romano de la época, envió a los cruzados (portadores de la cruz), para que vencieran a los musulmanes y establecieran la ciudad de Cristo. En realidad la mayoría de estos cruzados eran mercenarios, asesinos merodeadores, sodomitas, verdugos, ladrones, sembrando por donde pasaban sangre, libertinaje y desmadre.

En cambio los caballeros templarios tenían una predisposición hacia el templo de Jerusalén con respeto a la fuente de conocimientos y tesoros sellados en los depósitos del mismo santuario. Así, los templarios espiritualmente heredaron el cofrecito del tesoro del templo de Jerusalén. El valor mas preciado de este tesoro era la misma Reina Celestial a la que adoraban secretamente. A los grandes maestros de la orden les fueron abiertos pergaminos fragantes, textos escritos misteriosamente y cetros que daban poder sobre el mundo. Ellos sabían el camino hacia las “llaves de Salomón”, que eran uno de los tesoros básicos y secretos de la orden, no destinados a la divulgación pública, sino sólo a los templarios consagrados.

Ante el incremento de la luz espiritual de la orden del Temple, Roma invitó a Bernardo de Claraval a escribir el Tratado de Concilio de Troyes, la ley de monacato espiritual.

Claraval fomentó la idea de los monjes con espada redentora. Presentó a su Cristo redentor y sus caballeros monjes redentores. Quiso presentar la imagen del templarismo bajo imágenes de Roma. Muchos que se denominaban templarios, pero que no estaban afianzados en la profundidad espiritual de la orden, fueron tentados ante esta imagen aristotélica de poder y externa, y entraron a formar parte en esta copia tergiversada de ‘templarismo romano’.

Los caballeros fieles de la Orden del Temple, con los tesoros espirituales que les fueron entregados en Jerusalén y con la grata influencia de sus hermanos cátaros, rechazaron el monacato propuesto por Roma y aceptaron formar parte de la caballería de la virginidad eterna.

Los caballeros Templarios rechazaban los conceptos de patriotismo, nacionalismo, separatismo fundamentalista religioso, de todo aquello que se presentaba superior al hombre, a la naturaleza o a la misma divinidad. Los templarios denominaban a esto “amor malo”, ya que rompía la armonía del principio universal de la unión entre la humanidad, la cercanía real de la buena divinidad y el respeto hacia la naturaleza.

El amor malo típico es la inquisición. Hay dos fórmulas horribles que pronunciaban los inquisidores antes del auto de fe para encender la hoguera alrededor de la “santa víctima”. Decían: “Ad majorum gloria dei” (para la mayor gloria de dios, por ti mismo, por tu propia salvación). Esta es la fórmula del mal amor, por amor te matan, te torturan, te mienten, y encima te dicen que es por tu salvación.

El templo de la paz de los Templarios no es el templo de Jerusalén, ni de Roma, ni de Constantinopla. El templo templario es el Templo de la paz, de la virginidad eterna y de la ausencia de rencor.

Si miramos el párrafo 306 de los estatutos de los templarios reza: “Desde el principio hemos tenido a la Madre de Dios, nuestro honor y gloria”.

Ella es nuestra Alfa y Omega en realidad sin plazo”, decían los templarios refiriéndose a la Reina Celeste

¡Esto es templarismo! Por esto, los templarios (los caballeros del Templo) se consideraban guardianes de la Sabiduría con la Santísima Madre Divina.

 Los votos del caballero templario

En una primera época, las normas o reglas templarias no estaban escritas y lo fundamental por lo que se caracterizaba era por los votos de castidad, pobreza y obediencia. Habría que hacer un inciso importante sobre la definición de estos votos ya que están condicionados por la tendencia de la versión templaria romana, en que se transformo la buena orden del Temple.

  1. El voto de castidad sería mejor definirlo como el voto de la virginidad eterna. Como hemos visto en la historia del rey Arturo y Excalibur, es un voto muy importante y que viene dado de forma natural tras una trayectoria ya definida del caballero. La virginización no es algo impuesto, ni forzado. Es lo que sucede cuando el caballero conoce a la Reina Celeste y la importancia de Su amparo. Ella será la que de pie a la virginización progresiva del caballero. Podemos ver, que ocurre cuando el voto de castidad es forzado por medio del celibato o monacato. Al no ser naturalmente dirigido por la Reina Celestial puede llegar a desembocar en trastornos psíquicos, obsesivos sexuales y de conducta.
  1. El voto del sin rencor. Esto es muy parejo al voto anterior, ya el mayor fomento del mal y del rencor es la lujuria. Cuando esta está sublimada deviene en un rencor justificado. Es el caso de la inquisición. Asesinar a una persona justificadamente.

El caballero a través de la purificación y virginización vestía sus acciones con motivos puros. ¿Por qué los templarios se entregaron a las torturas y hogueras? Para comprenderlo hay que leer al anciano ruso León Tolstoi: fueron corderos sin rencor.

El rencor es la suma de la lujuria. El  racionalismo, pasiones bajas, placeres miserables, si no son purificados y son reprimidos se manifiestan tarde o temprano en rencor.

Es una idea muy incomprensible que los templarios siendo tan “poderosos” fueran corderos sin rencor. Decían: “hay que vencer el rencor como una nube pestilente que se ha instalado en nosotros”. Esto es el templarismo de la Madre Divina.

  1. El voto de pobreza. Mejor que pobreza definirlo como el voto del desinterés o no acaparación. Pobreza se relaciona a no tener dinero, es error, uno puede no tener bienes y sus motivos pueden ser interesados y propios. Desinterés es dar todo sin esperar nada, ofrecerte completamente al servicio desinteresado al prójimo, a la humanidad, a la Tierra es también un voto muy elevado que, igual como el anterior viene dado a través de la pureza y virginización.
  1. El voto de obediencia se podría definir como el voto de fidelidad. El caballero integra profundamente que su vida esta consagrada a la Reina Celeste, que el concilio de caballeros son las vestes de la misma Reina y que la guía del anciano espiritual es el que traerá de forma efectiva las imágenes verdaderas para cada acción.

Estas cuatro reglas eran el arquetipo original del caballero Templario. Mas adelante Bernardo de Claraval, en su famoso Concilio de Troyes, trato de ‘monjeizar’ el elevado grado espiritual de los caballeros templarios añadiendo nuevas reglas: admisión en la Orden, reglamentaciones penales, etc., definiéndose con más claridad el carácter religioso de la Orden. Comenzaba así la transformación  templario-romana. El “patriarca de Jerusalén” añadirá luego 24 artículos y revisará una docena: destacan, entre ellos, la reserva de la capa blanca para los caballeros y la reglamentación de la presencia de clérigos, temporalmente en el Temple, etc.

A estas reglas se le añadirán, más adelante, otros artículos o explicaciones, llamados “retraits”, que la complementarán. Los primeros están fechados en la época de Beltrán de Blanquefort, y se centran en la jerarquía de la Orden; posteriormente, en 1230, y luego en 1260, se incluirán nuevos artículos, referentes a  la vida en los conventos, a la disciplina, a las sanciones o a la admisión en la Orden.  Tantos nuevos añadidos llevarán a que la Regla llegue a tener 678 artículos, lo que obligará a redactar versiones reducidas, traducidas a lenguas vulgares.

Los templarios fueron un ejemplo de manifestación del espíritu bueno y puro en la Tierra, y como siempre, este espíritu fue perseguido y tratado de ser extinguido por medio de Roma a través de la reglamentación y ‘religiosización’. Se repite lamentablemente la historia de los diferentes ungidos que pasaron por la tierra y de los pueblos que fueron fieles a ellos.

Cuán importante es recuperar la imagen clara del verdadero templarismo como vía espiritual. Quitar el disfraz en el que fue envuelto. Borrar la imagen de poderosos templarios con grandes sacos de dinero, envueltos en trajes decorativos adornados con cojinetes naranjitas y leyendo algunas oraciones esotéricas.

Restableciendo el trono de los Templarios se devuelve al ser humano la esperanza de los destinos luminosos.

La música: instrumento de transfiguración del mundo.

 

Es bien conocido el poder que tiene la música sobre nuestros estado interior, la música puede alentar todas nuestras emociones, y además, y lo más importante, interviene en nuestra alma.

Hoy quisiéramos hacer una  reflexión. ¿Qué creen que ocurre al ser humano cuando escucha la música actual (la más escuchada hoy en día por la humanidad): disco, tecno, rock, pop, heavy, reggaetón…?

Se hace necesario conocer que hay muchísimos intereses ocultos detrás de este tipo de música tanto económicos, de control, poder e influencia en las grandes masas, y lo más importante, para disminuir la vibración de los cuerpos sutiles de cada persona.

La música, igual que otros tipos de arte, sin espiritualidad lleva a la perversión, la pérdida de orientación, degradación total y extinción, lo que por desgracia observamos hoy en día. ¿Qué significa esto? Que la música sin bondad, daña. La música sin bien, empeora. La música sin conceptos, valores, sin objetivos buenos… no puede ayudar en nada. Hay música capaz de volver violento a todo aquel que la escucha, porno-erotizarlo, convertirlo en un mar de lágrimas entristeciéndolo con la nube de Tánatos, conducirlo al descontrol de sí mismo.

El científico Masuro Emoto descubrió cómo el agua cambiaba su estructura ante un tipo de música u otro. Con la música de rock, tecno… los cristales del agua congelada se volvían totalmente irregulares adoptando formas desestructuradas. En cambio, la música clásica formaba cristales de formas armoniosas y hermosas.

La ciencia también habla sobre ‘la teoría de las supercuerdas’, la cual afirma que el universo está formado por vibraciones de finísimas cuerdas. El universo está repleto de vibraciones divinas que transmiten el amor puro de las esferas celestiales, las cuales llegan a cada ser humano. El corazón espiritual, al escuchar estas vibraciones aviva la memoria de ese amor y puede reconocerlo en la medida en que esté afinado con esas vibraciones.

Así, la música portadora de las esferas celestiales se convierte en la llave para afinar almas, despertar corazones. La música es Verbo divino exento de barreras, es el lenguaje de la divinidad. Pero el músico ha de ser un transmisor de dichas vibraciones divinas, un instrumento directo de la divinidad.

La música de los grandes compositores forma el sentido del amor espiritual. Solo puede interpretarla de modo adecuado aquel que está lleno de amor.

El hombre necesita la música de personas altamente ilustradas, ¡portadores de la esfera! Solo la música de los mensajeros de arriba puede ayudar a sacar a las personas del abismo en el que se hallan y dirigirlas a  alturas inauditas, abrirles otro mundo, lleno de armonías celestiales.

La música genial educa, da un impulso poderoso al alma. La música interpretada por músicos de alta iniciación purifica al hombre, lo hace más bondadoso, lo dirige a la espiritualidad, lo ayuda a abrir el corazón para la compasión, lo ayuda a sentir el dolor de otra persona como propio, lo ayuda a descubrir la hermosura interior.

La misma percepción de la música se traslada a la acústica del corazón, si el corazón es puro.

En la escuela musical de Juan de San Grial se enseña cómo interpretar con la vibración del corazón espiritual, donde se persigue alcanzar el más noble objetivo de un músico: servir a la humanidad abriendo las esferas divinas, como hicieron los cristos musicales Bach, Mozart, Beethoven, Tchaikosvsky… Tocar aquella música capaz de elevar y divinizar al ser humano a través del amor.

 

Don Quixote de la Mancha. Miguel de Cervantes

 

ONLY GOOD MEN STAY IN THE MEMORY.

 

"… I am no longer Don Quixote, from now on I am Alonso Quijano the Good…". These were the last words with which the knight of the Sad figure said goodbye to this world bearing living witness that there is no ideal more sublime than reaching the thalamus of death being GOOD, a million times better. good among the good.

And he wasn't crazy, he… it was just good.

"A knight, and a knight, I must die if it pleases the Most High. My intentions always straighten them to good ends, which are to do good to all and evil to none: if the one who detests deserves to be called a fool, say it your greatness…".

And it is precisely in this very where the secret of the universal success of the work of Miguel de Cervantes Saavedra lies, for the history of Quixote entails in itself the mystery of the coming of man to Earth: THE WAY OF BONHOMIZATION. Human beings come into this world full of menacing mills as pillars of evil and as a walking knight, fearless and guided from above, overcomes even in the last battle in the name of good and goodness.

Its popularity remains in force to this day only for one reason: because it is based on the archetypal, the inexhaustible, immortal… There are books that are born and die as soon as they are read by their last reader, but El Quixote, because it is based precisely on archetypes, has managed to be crowned with immortality, becoming more than enough an eternal parchment:

"… I know the innumerable works that are annexed to the walking cavalry, I know also the infinite goods that are atreached with it; and I know that the path of virtue is very narrow, and the path of vice, wide and spacious; and I know that their purposes and whereabouts are different; because that of vice, dilated and spacious, ends in death, and that of virtue, narrow and laborious, ends in life, and not in life that ends, but in which it will have no end, and I know, as the great Castilian poet of ours says, that: By these roughness we walk from immortality to the a I'll have a seat…".

And behold his archetypal pearls that swept into one of the most beautiful stories written!

  1. Alonso Quijano. The inhabitant of the earthly sky

Don Quixote embodies the universal soul who fearlessly takes the spear of truth and fights to the last breath with the sole aim of overcoming the thousands of manifestations of world evil: usurpation, lying, misrepresentation, selfishness… But the real merit lies in the absolute altruism of such a feat, not carried out to reap personal glory in a frantic pursuit of gold medals on the battlefield.

Overcoming for himself is nothing, victories with such pretension die with oneself on the same deathbed… Cervantes deals here with a much deeper and more excellent purpose: to overcome in the name of humanity, to leave a better world behind, to witness that only good men remain in the memory… "The walking knights shall attend more to the glory of the centuries to come, which is eternal in the ethereal and heavenly regions, than to the vanity of fame than in this present and last century is attained; which fame, however long it lasts, must finally be wiped out the world, which has its appointed end…".

 

The divine vision of one's neighbour: Another virtue that bears witness to the figure of our walking knight as an anointed soul is the divine vision of the neighbor. There are two ways of seeing man: as an unclean and insignificant being, a nullity coming from nothing, or as the Divinity itself. And Quixote has the pure vision of the human being. He does not see in him a finished sinner or 'dust that will become dust', he looks deep and far away and with his own eyes sees that divinity dwells within every man, knows that everything outside is nothing but transient and illusory wraps , that the deeds or sins of men cannot banish them to ostracism and condemnation, which in the deepest and hidden is the same indeformable image of God. This is given in the passage in which Don Quixote frees all prisoners from a prison, and in the face of the warnings of a priest that he had freed known criminals, he argues: "… Walking knights are not touched or concerned with finding out whether the afflicted, shackled, and oppressed who find them on the roads go that way or are in that anguish because of their guilt or for their graces; it's all their turn to help them as needy, setting their eyes on their sorrows and not in their beautifics. I stumbled upon a rosary and a string of Mohinand and miserable people, and I did with them what my religion asks of me, and the rest there is appropriate…"

Giving one's life for the other: If one is to define a true knight, it is the quality of the one who is able to give his life for the other, to die for love. Reaching such a summit can only be done by those who have overcome the fear of death itself; and to reach such a victory is achieved only by those who have lived consecrated to the Most High and to Wisdom, those who have lived under a fierce struggle against the same evil and its viperino language. One of the Machiavellian and refined arties of this language is flattery, a language that a priori seems harmless and even 'good', but poisonous to those who know the spiritual world and its laws, according to which flattery is nothing more than a perfidious weapon for the detour from the straight path of goodness. These two aspects, giving life for each other and rejecting this cunning language the Cervantes still masterfully in the following dialogue. A beautiful woman, Princess Mycomicona, begins to praise Quixote and he interrupts her to say:

Princess: "… and I never really had good weather, and with all that, I have come to see what I so desired, which is to Mr. Quixote de la Mancha, whose new ones came to my ears just as I set foot in Spain, and they moved me to look for him to entrust me in his courtesy and trust my justice of the value of his invincible arm. "No more: my praises cease," Don Quixote said to this time, "because I am the enemy of all kinds of flattery; and even if it is not, they still offend my castes such talks. What I know to say, my lady, whether you pray has courage or not, whether or not you have to be employed in your service until you lose your life."

 

  1. Sancho Panza. The faithful brother

Sancho's tender image contains one of the greatest mysteries of the work: fraternity. The bond that binds Don Quixote and Sancho Panza goes beyond the imposted formalism that would be expected from the relationship between a squire and his master. Don Quixote and Sancho join their lives in the heat of the noblest of objectives, although with disparate perspectives, both manage to weave a union whose only support is a pure, innocent and faithful love to the last. Such love transfigures the bond between master and stun in brothers who worship above all else, who put their heart as a living shield, who are not afraid to die because they have already given their lives for love… They're inseparable, they're twinned, they're one.

On a occasion when Sancho talks about his master with another squeaper, he says to him:

"… I say that there is nothing beautiful about it: it does not know how to do evil to anyone, but good to all, nor does it have any malice: a child will make him understand that it is night in the middle of the day, and for this simplicity I love him as the fabrics of my heart , and I didn't like to leave him, no wonder I do."

Don Quixote could never have done what he did without Sancho, he couldn't have tried to knock down a single mill. The strength of man does not reside in oneself, it lies in the collective force that arises from fraternity, of boundless love that can be professed two souls who are in divine marriage, together and with all humanity.

Despite being recognized as a simple and sometimes rough squire, in it resided an innate wisdom that did not cease to amaze the same Don Quixote. He realizes her well during his brief rule of the insole. We also remember as one of the many difficult situations they both faced, Sancho wisely suggests to his dear master: "Let us entrust everything to God, for He knows of the things that are to happen in this valley of tears, in this evil world that we have, where there is hardly anything that is without a mixture of evil, embuste and beauty."

 

  1. Dulcinea. The Heavenly Lady

Miguel de Cervantes wrote his work as he made clear in his foreword against the ridiculous works of cavalry. In the s. SEVENTEEN, as in previous centuries, the love reflected in literature was courteous love, that governed by romanticism and libido. A love that cannot grow or multiply beyond the 'two in love', a love without a future, without prospects, a love of this world governed only by the carnal and physical. "Notice, Sancho," D. Quixote replied, "that there are two ways of beauty: one of the soul and one of the body; that of the soul-champion and is shown in understanding, in honesty, in good behavior, in liberality…, and all these parts fit and can be in an ugly man; and when one looks at this beauty, and not that of the body, love is usually born with impetus and with advantages…".

 

Saavedra wanted to reflect virginal love for the most beautiful woman in the world: Dulcinea del Toboso, who is truly the Divine Mother herself. She is the personification of the Mother Celeste who marks every step of the knight, it is She the source of inspiration, the food from on high, the Guide, the one who unconditionally supports, that truly wins in every battle. She is the only sword and shield of Quixote: "Without the courage that She instills in my arm I would not be able to kill a flea, it is the courage of Dulcinea that takes my arm as an instrument of her exploits. She fights in me and overcomes in me, and I live and breathe in her, and I have life and being." Dulcinea is the central axis of the work, and we can truly extrapolate that only She, the Lady Celeste, is the central axis of the very work of each gentleman's life, which without her as a Guide… victory will never be possible.

 

On one occasion Don Quixote stops merchants along the way and commands them aloud to claim that Dulcinea is the most beautiful. They refuse to claim that they have never seen her, to which he replies: "If I showed it to you," Explained Don Quixote, "what did you do to confess such a notorious truth? The importance is that without seeing it you must believe, confess, affirm, swear and defend…".

 

Miguel de Cervantes Saavedra was not just a writer or a utopian dreamer who fantasized about a better world… He knew the garden cities and the laws of the universe of good, he knew the rules of spiritual struggle and the only weapons with which to overcome: mercy, loyalty, fearlessness, the last truth… And most important of all, I knew the omnihuman Lady and the statute that without her nothing can be achieved: "… because to take away a walking gentleman his lady is to take away his eyes with those he looks at, and the sun with which he lights up. that the ladyless walking gentleman is like the leafless tree, the foundationless building, and the bodyless shadow… and for her I will live in perpetual tears until I see her in her pristine state."

 

  1. The mills. The Great Machinery of World Evil

The mills not only appear in the famous passage of 'The Windmills', the mills are scattered throughout the work reflecting the thousands of masks with which evil is hidden. However, it is in them that Cervantes openly reflects the cemented pillars of the great machinery of world evil that crushes and forbids the flourishing of goodness: "We must kill pride in the giants; to envy, in generosity and good breast; to anger, on the resting continent and stillness of mind; to the gluttony and the dream, in the little eating we eat and in the much watch that we watch; to lust and lascivian… laziness…".

Don Quixote understands that we must not simply fight with the external manifestation of evil, but to root out evil: the origin of all the disasters of before and now… Because it's no use to a gentleman to fight and stop the arrows thrown, if he doesn't know the shooter who throws them.

 

  1. "With the Church we have given, Sancho." The Religious Trap

Throughout the work Don Quixote, and without undermining his sober integrity as a walking knight, not only confronts the priests by characterizing them as thieves, cunning or rascals, the question is much deeper and more important, in them Saavedra unmasks the traps of this world, the wizards who with their black tricks mesmerize souls by taking them for their tricks to their own lair… "… said the duke, Who has been the one who has done so much wrong to the world? Who has taken away from the beauty that pleased him…?

"Who? Don Quixote replied. Who can be but some charming evil one of the many intedious people who persecute me? This cursed race, born in the world to obscure and annihilate the exploits of the good, and to give light and lift up the misdeeds of the bad…".

 

  1. The Knights of Good and Purity

And in this current world, where war conflicts prevail and it seems that we are in the run-up to the third world war, walking knights whose flag is peace remain just as necessary. "Weapons have the object and end of peace, which is the greatest good that men can desire in this life…" And exist, exist, never really have disappeared such knights. And today it is Juan de San Grail the same Cervantes and the same Quixote of the s. 21st. Quixote because he has already holstered his armor and took the shield and spear to go out to the battlefield and Cervantes is the one who has the pen of the Most High with which he writes the new destiny of the knights guided by the Most Pure.

Don Quijote de la Mancha​. Miguel de Cervantes

 

SOLO LOS HOMBRES BUENOS SE QUEDAN EN LA MEMORIA.

 

“…Ya no soy don Quijote, desde ahora soy Alonso Quijano el Bueno…”. Estas fueron las últimas palabras con las que el caballero de la Triste figura se despidió de este mundo dando testimonio vivo de que no hay ideal más sublime que llegar al tálamo de la muerte siendo BUENO, un millón de veces más bueno… buenísimo entre los buenos.

Y es que él no fue un loco, él… sencillamente, fue bueno.

“Caballero soy y caballero he de morir si place al Altísimo… Mis intenciones siempre las enderezo a buenos fines, que son de hacer bien a todos y mal a ninguno: si el que desto trata merece ser llamado bobo, díganlo vuestras grandezas…”.

Y es en esto precisamente donde radica el secreto del éxito universal de la obra de Miguel de Cervantes Saavedra, pues la historia del Quijote entraña en sí misma el misterio de la venida del hombre a la Tierra: EL CAMINO DE LA BONHOMIZACIÓN. El ser humano llega a este mundo repleto de molinos amenazantes como pilares de la maldad y cual caballero andante, intrépido y guiado desde lo alto, vence hasta en la última batalla en nombre del bien y la bondad.

Su popularidad sigue vigente hasta nuestros días solo por una razón: por estar basado en lo arquetípico, en lo inagotable, inmortal… Hay libros que nacen y mueren tan pronto como son leídos por su último lector, pero El Quijote, por estar basado precisamente en los arquetipos, ha logrado ser coronado con la inmortalidad, convirtiéndose más que sobradamente en un pergamino eterno:

“… Sé los innumerables trabajos que son anejos a la andante caballería, sé también los infinitos bienes que se alcanzan con ella; y sé que la senda de la virtud es muy estrecha, y el camino del vicio, ancho y espacioso; y sé que sus fines y paraderos son diferentes; porque el del vicio, dilatado y espacioso, acaba en muerte, y el de la virtud, angosto y trabajoso, acaba en vida, y no en vida que se acaba, sino en la que no tendrá fin, y sé, como dice el gran poeta castellano nuestro, que: Por estas asperezas se camina de la inmortalidad al alto asiento…”.

¡Y he aquí sus perlas arquetípicas que ensartaron una de las más bellas historias escritas!

  1. Alonso Quijano. El habitante del cielo terrenal

Don Quijote encarna al alma universal que sin miedo coge la lanza de la verdad y lucha hasta el último aliento con el único objetivo de vencer las miles de manifestaciones del mal mundial: la usurpación, la mentira, la tergiversación, el egoísmo… Pero el verdadero mérito radica en el altruismo absoluto de tal hazaña, no llevada a cabo para cosechar gloria personal en una frenética persecución de medallas de oro en el campo de batalla.

Vencer para sí mismo no es nada, las victorias con tal pretensión mueren con uno mismo en el mismo lecho de la muerte… Cervantes trata aquí una finalidad mucho más profunda y excelsa: vencer en nombre de la humanidad, dejar un mundo mejor tras de sí, testimoniar que solo los hombres buenos se quedan en la memoria… “Los andantes caballeros habemos de atender más a la gloria de los siglos venideros, que es eterna en las regiones etéreas y celestes, que a la vanidad de la fama que en este presente y acabable siglo se alcanza; la cual fama, por mucho que dure, en fin se ha de acabar con el mesmo mundo, que tiene su fin señalado…”.

 

La visión divina del prójimo: Otra de las virtudes que dan testimonio de la figura de nuestro caballero andante como un alma ungida es la visión divina del prójimo. Existen dos maneras de ver al hombre: como un ser inmundo e insignificante, una nulidad venida de la nada, o como la misma Divinidad. Y El Quijote tiene la visión pura del ser humano. No ve en él a un pecador rematado o a ‘polvo que se convertirá en polvo’, él mira en lo más profundo y recóndito y con sus propios ojos ve que la divinidad habita en el interior de cada hombre,  sabe que todo lo exterior no son más que envolturas transitorias e ilusorias, que los hechos o pecados de los hombres no pueden desterrarlos al ostracismo y a la condena, que en lo más hondo y oculto se halla la misma imagen indeformable de Dios. Cuenta de ello se da en el pasaje en el que Don Quijote libera a todos los presos de una cárcel, y ante las amonestaciones de un cura sobre que había liberado a consabidos delincuentes, él alega: “…a los caballeros andantes no les toca ni atañe averiguar si los afligidos, encadenados y opresos que encuentran por los caminos van de aquella manera o están en aquella angustia por sus culpas o por sus gracias; sólo le toca ayudarles como a menesterosos, poniendo los ojos en sus penas y no en sus bellaquerías. Yo topé un rosario y sarta de gente mohína y desdichada, y hice con ellos lo que mi religión me pide, y lo demás allá se avenga…”.

Dar la vida por el otro: Si algo ha de definir a un verdadero caballero es la cualidad de aquel que es capaz de dar su vida por el otro, de morir por amor. Llegar a tal cumbre solo la pueden hacer aquellos que han vencido el miedo a la misma muerte; y llegar a tal victoria la consiguen solo los que han vivido consagrados al Altísimo y a la Sabiduría, aquellos que han vivido bajo una férrea lucha contra el mismo mal y su lenguaje viperino. Una de las maquiavélicas y refinadas arterías de este lenguaje es el halago, idioma que a priori parece inofensivo e incluso ‘bueno’, pero ponzoñoso para aquellos que conocen el mundo espiritual y sus leyes, según las cuales la adulación no es más que un arma pérfida para el desvío del camino recto de la bondad. Estos dos aspectos, dar la vida por el otro y el rechazo de este lenguaje astuto los aúna Cervantes magistralmente en el siguiente diálogo. Una hermosa mujer, la princesa Micomicona, comienza a alabar al Quijote y él la interrumpe para decirle:

Princesa: “…y en verdad que nunca tuve buen tiempo, y con todo eso, he llegado a ver lo que tanto deseaba, que es al señor don Quijote de la Mancha, cuyas nuevas llegaron a mis oídos así como puse los pies en España, y ellas me movieron a buscarle para encomendarme en su cortesía y fiar mi justicia del valor de su invencible brazo. -No más: cesen mis alabanzas -dijo a esta sazón don Quijote- porque soy enemigo de todo género de adulación; y aunque asta no lo sea, todavía ofenden mis castas orejas semejantes pláticas. Lo que yo sé decir, señora mía, que ora tenga valor o no, el que tuviere o no tuviere se ha de emplear en vuestro servicio hasta perder la vida”.

 

  1. Sancho Panza. El hermano fiel

En la imagen tierna de Sancho se encierra uno de los misterios más grandes de la obra: la fraternidad. El vínculo que une a don Quijote y Sancho Panza va más allá del formalismo impostado que cabría esperar de la relación entre un escudero y su amo. Don Quijote y Sancho unen sus vidas al calor del más noble de los objetivos, si bien con perspectivas dispares, ambos logran entretejer una unión cuyo único sostén es un amor puro, inocente y fiel hasta lo último. Tal amor transfigura el vínculo entre amo y escudero en hermanos que se adoran por encima de todo, que ponen su corazón como escudo vivo, que no temen morir porque ya entregaron sus vidas por amor… Son inseparables, están hermanados, son uno.

En una ocasión en la que Sancho habla sobre su amo con otro escudero, le dice a este:

“…digo que no tiene nada de bellaco: no sabe hacer mal a nadie, sino bien a todos, ni tiene malicia alguna: un niño le hará entender que es de noche en la mitad del día, y por esta sencillez le quiero como a las telas de mi corazón, y no me amaño a dejarle, por más disparates que haga”.

Don Quijote jamás podría haber hecho lo que hizo sin Sancho, no podría haber intentado derribar ni un solo molino. La fuerza del hombre no reside en uno mismo, reside en la fuerza colectiva que nace de la fraternidad, del amor sin límites que se pueden profesar dos almas que se hallan en matrimonio divino, juntos y con toda la humanidad…

A pesar de reconocerse como un simple y en ocasiones rudo escudero, en él residía una sabiduría innata que no dejaba de sorprender al mismo don Quijote. Se da buena cuenta de ella durante su breve gobierno de la ínsula. Asimismo, recordamos como ante una de las muchas situaciones difíciles que ambos tuvieron que enfrentar, Sancho sugiere sabiamente a su querido amo: “Encomendémoslo todo a Dios, porque Él sabe de las cosas que han de suceder en este valle de lágrimas, en este mal mundo que tenemos, donde apenas se halla cosa que esté sin mezcla de maldad, embuste y bellaquería”.

 

  1. Dulcinea. La Dama Celestial

Miguel de Cervantes escribió su obra como él mismo dejó claro en su prólogo en contra de las ridículas obras de caballería. En el s. XVII, como en siglos anteriores, el amor reflejado en la literatura era el amor cortés, aquel regido por el romanticismo y la libido. Un amor que no puede crecer ni multiplicarse más allá de los ‘dos enamorados’, un amor sin futuro, sin perspectivas, un amor de este mundo gobernado únicamente por lo carnal y físico… “Advierte, Sancho -respondió don Quijote-, que hay dos maneras de hermosura: una del alma y otra del cuerpo; la del alma campea y se muestra en el entendimiento, en la honestidad, en el buen proceder, en la liberalidad…, y todas estas partes caben y pueden estar en un hombre feo; y cuando se pone la mira en esta hermosura, y no en la del cuerpo, suele nacer el amor con ímpetu y con ventajas…”.

 

Saavedra quiso reflejar el amor virginal a la mujer más hermosa del mundo: Dulcinea del Toboso, que es en verdad la misma Madre Divina. Ella es la personificación de la Madre Celeste que marca cada paso del caballero, es Ella la fuente de inspiración, el alimento de lo alto, la Guía, la que ampara incondicionalmente, la que en verdad vence en cada batalla. Es Ella la única espada y escudo del Quijote: “Sin el valor que Ella infunde en mi brazo no sería capaz de matar ni a una pulga, es el valor de Dulcinea el que toma mi brazo como instrumento de sus hazañas. Ella pelea en mí y vence en mí, y yo vivo y respiro en Ella, y tengo vida y ser”. Dulcinea es el eje central de la obra, y en verdad podemos extrapolar que solo Ella, la Dama Celeste, es el eje central de la propia obra de la vida de cada caballero, que sin Ella como Guía… jamás será posible la victoria.

 

En una ocasión don Quijote detiene a unos mercaderes en el camino y los conmina en voz alta a que afirmen que Dulcinea es la más hermosa. Estos se niegan alegando que no la han visto nunca, a lo que él responde: “Si os la mostrara -replicó don Quijote-, ¿qué hiciérades vosotros en confesar una verdad tan notoria? La importancia está en que sin verla lo habéis de creer, confesar, afirmar, jurar y defender…”.

 

Miguel de Cervantes Saavedra no fue un escritor sin más o un soñador utópico que fantaseaba con un mundo mejor… Él conocía las ciudades-jardín y las leyes del universo del bien, conocía las reglas de la lucha espiritual y de las únicas armas con las que vencer: la misericordia, la lealtad, la intrepidez, la última verdad… Y lo más importante de todo, conocía a la Dama omnihumana y el estatuto de que sin Ella nada se puede lograr: “…porque quitarle a un caballero andante su dama es quitarle los ojos con los que mira, y el sol con que se alumbra… que el caballero andante sin dama es como el árbol sin hojas, el edificio sin cimiento, y la sombra sin cuerpo… y por ella viviré yo en perpetuas lágrimas hasta verla en su prístino estado”.

 

  1. Los molinos. La gran maquinaria del mal mundial

Los molinos no solo aparecen en el famoso pasaje de ‘Los Molinos de Viento’, los molinos están dispersos por toda la obra reflejando las miles de máscaras con las que se oculta la maldad. Empero, es en ellos donde Cervantes refleja abiertamente los pilares cementados de la gran maquinaria del mal mundial que aplasta y prohíbe el florecimiento de la bondad: “Hemos de matar en los gigantes a la soberbia; a la envidia, en la generosidad y buen pecho; a la ira, en el reposado continente y quietud del ánimo; a la gula y al sueño, en el poco comer que comemos y en el mucho velar que velamos; a la lujuria y lascivia… a la pereza…”.

Don Quijote entiende que no hay que simplemente luchar con la manifestación externa del mal, sino cortar de raíz el mal: el origen de todos los desastres de antes y de ahora… Porque de nada le sirve a un caballero luchar y parar las flechas lanzadas, si no conoce al tirador que las lanza.

 

  1. “Con la Iglesia hemos dado, Sancho”. La trampa religiosa

A lo largo de la obra Don Quijote, y sin menoscabo de su sobria integridad como caballero andante, no solo se enfrenta a los curas caracterizándolos como ladronzuelos, astutos o bribones, la cuestión es mucho más profunda e importante, en ellos Saavedra desenmascara las trampas de este mundo, los magos que con sus artimañas negras hipnotizan a las almas llevándoselas para sus tretas a su propia guarida… “…dijo el duque: ¿Quién ha sido el que tanto mal ha hecho al mundo? ¿Quién ha quitado del la belleza que le alegraba…?

—¿Quién? —respondió don Quijote—. ¿Quién puede ser sino algún maligno encantador de los muchos invidiosos que me persiguen? Esta raza maldita, nacida en el mundo para escurecer y aniquilar las hazañas de los buenos, y para dar luz y levantar los fechos de los malos…”.

 

  1. Los caballeros del bien y de la pureza

Y en este mundo actual, donde imperan los conflictos bélicos y pareciera que nos encontramos en la antesala de la tercera guerra mundial siguen siendo igual de necesarios los caballeros andantes cuya bandera sea la de la paz… “Las armas tienen por objeto y fin la paz, que es el mayor bien que los hombres pueden desear en esta vida…”. Y existir, existen, en verdad nunca han desaparecido tales caballeros. Y hoy en día es Juan de San Grial el mismo Cervantes y el mismo Quijote del s. XXI. Quijote porque ya se enfundó la armadura y tomó el escudo y la lanza para salir al campo de batalla y Cervantes porque es aquel que tiene la pluma del Altísimo con la que escribe el nuevo destino de los caballeros guiados por la Purísima.